"Señoras y señores/venimos a contar/aquello que la historia/no quiere recordar"
Cantata Popular Santa María de Iquique, Luis Advis.

Presentación

La siguiente plataforma tiene como objetivo presentar a nuestra comunidad educativa el resultado de una investigación realizada por IV Medio diferenciado, a la luz de la lectura de la novela Santa María de las Flores Negras de Hernán Rivera Letelier.

miércoles, 2 de abril de 2014

Santa María de las Flores Negras, más allá de su Iconografía.

(Portada del libro "Santa María de las Flores Negras")

Hernán Letelier nos muestra a una generación y a un sector muy específico, el norte chileno, la pampa y el salitre, la pobreza y las injusticias sociales. 
Nos muestra al hombre trabajador y sacrificado, al hombre que exige dignidad y mejor trato, que busca en las cantinas olvidar su mala suerte y malos tratos que sufre en su día a día. 
Utiliza un lenguaje claro, directo y muy rico en expresiones populares. Una de las características más destacadas de esta obra es que es muy entretenida, podemos encontrar un poco de humor, incluso en las que narra hechos bastante tristes. 
Maneja un realismo estético. La forma en que describe a sus personajes burlándose de sus condiciones físicas, resultan simpáticas y oportunas. En la narración está encerrada la historia de una época gloriosa de nuestro país, pero también sus malos ratos. Los viajes por la pampa llenos de sacrificios y aventuras, tienen un ambiente de alegría y de esperanza. La poesía está presente en todas sus obras, incluso en algunas de ellas hay fragmentos de poemas.

(Trabajadores del Salitre)

Trata de recordar a los lectores una parte importante de la historia de la zona norte del país que se encuentra un poco olvidada, a través de esta obra se nos ha permitido a nosotros los jóvenes conocer mejor una parte de la historia de nuestro país. En Santa María de las flores negras nos relata un mundo desconocido como la lucha por mejores condiciones laborales, los abusos del sector empresarial y la fuerza de estos hombres y mujeres por la búsqueda de mejores condiciones de vida. Esta obra constituye un enorme aporte en el aspecto histórico y social y además una forma de resucitar dichos y tradiciones perdidas de nuestra identidad nacional. 


(Escuela Santa María de Iquique, hacia 1907)

El libro Santa María de las flores negras es la reconstrucción del viaje que hicieron los mineros de las salitreras para llegar a Iquique. La marcha por el desierto es realizada por hombres, mujeres y niños para exigir condiciones de trabajo justas. Sin embargo, son la humillación y la muerte quienes los reciben en la ciudad.
Me parece que es una novela a la que se le debería dar más relevancia de la que se le ha dado en los últimos años, ya que es importante para nosotros como Chilenos saber más a fondo lo que sucedió en este terrible evento trágico que marco nuestra historia. Pero, ¿por qué habría de ser relevante recordar el asesinato de cientos, quizás miles de personas en un lugar llamado Iquique, hace ya tantos años atrás? La violencia, la crisis y los quiebres conforman parte de nuestra historia y el ser humano ha construido mecanismos para sanar, denunciar, enseñar y corregir. 
La novela nos describe más allá de la matanza, además podemos percibir un aire de esperanza a través de los personajes a pesar de todo lo malo que estaba pasando en aquel tiempo. Por ejemplo: El amor que surge entre Idilio Montaño y Liria María y  que también sobrevive el amor que Olegario Santana tiene por Gregoria.
Y por sobre todas las cosas los acontecimientos más relevantes son la fuerza con que los mineros decidieron luchar por sus derechos ya que querían tener una mejor calidad de vida para ellos pero en especial para sus familias, donde solo deseaban ser escuchados y se sacrificaron caminando por el desierto para llegar a la escuela Santa María fue allí donde el destino les jugo una mala pasada dándoles muerte a miles de personas en manos de un asesinato completamente injusto entre ellos José Pintor, Gregoria Becerra, Juan de Dios.
Esta novela conmueve y hace reflexionar sobre lo sucedido en la matanza, que a veces los seres vivos solemos comportarnos de forma inhumana con nuestra propia raza. El trabajo hoy es considerado un derecho y la lucha por mejores condiciones de vida es para todos, más aún considerando las condiciones inhumanas en que trabajaban los obreros del salitre. Es admirable la capacidad de lucha y subsistencia de toda esa gente. Creo que todos los seres humanos nacen con un cierto espíritu de lucha y demandas por estar mejor, por ser tomados en cuenta, cualquiera sea nuestra condición social, cultural, política o religiosa. Luchamos constantemente por hacer valer nuestros derechos. Los obreros del salitre eran, en su mayoría analfabetos, no existían los contratos de trabajo ni leyes que los favorecieran, era la fuerza del más fuerte contra el más débil y creemos que eso todos lo hemos experimentado alguna vez, en diferentes formas, en diferentes situaciones. A medida que crecemos la vida nos va mostrando cuanta injusticia existe en este mundo, cuantas barbaridades se cometen con los más débiles y desposeídos. La pobreza que existe en nuestro país y en el mundo es el resultado de tanta injusticia social.

(Video explicativo sobre la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique)

Algunos ejemplos textuales sobre la imaginería e iconografía son: 
“Al llegar a la puerta de la casa nº 19, antes de entrar, en un momento en que la demás gente se descuida, el calichero se acerca a Idilio Montano y le susurra al oído: —Es igualita a Yolanda —¿Qué Yolanda? —pregunta Idilio Montano. —La mujer de los cigarrillos —dice emocionado Olegario Santana. Y extrae su cajetilla de un bolsillo del paletó y se la muestra al joven. Que se fije bien, le dice, si son calcadas. Sólo que a la niña le falta el pucho en la boca y, claro, esa expresión un tanto descocada de la mujer de la cajetilla. Idilio Montano lo mira extrañado, pero no dice nada.”

“Y apuntando hacia una bandada de jotes que planean impasibles en las alturas, dice que segurito que entre ellos deben estarlos pajaritos de Olegario Santana. José Pintor, que hace rato viene conversando y renegando de Dios y de los religiosos con un asoleado de la oficina Santa Clara, se acerca justo en el momento del comentario de Domingo Domínguez. —Nunca he sabido bien si los jotes se parecen a los curas, o los curas a los jotes —dice en tono hosco, sacándose el palito de la boca y escupiendo espumilla.”

“Al entrar al recinto, Domingo Domínguez mira con sorna a José Pintor. De todos es sabido en las calicheras de San Lorenzo la ecuménica tirria que éste siente por los frailes, los curas y todo lo que tenga que ver con la Santa Iglesia Católica; incluyendo, por supuesto, a los santos, fueran éstos pintados, modelados, tallados o paridos de madre. En tanto la dueña de casa enciende el fogón para «un tecito de yerbaluisa»,cuenta, en un suave acento de religiosa, que ella y su marido, el que ahora mismo anda en trámites en Iquique, han comprado la casona con la intención de poner una escuela pagada. Pues la única escuelita del pueblo —dice la mujer, juntándolas manos como si rezara—, no alcanza ni para la mitad de los niños en edad escolar.”


-Matías Amengual y Karina Gonzalez

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