Chile: vergüenza mundial.
Más de mil obreros murieron luchando por una mejor condición de vida
Hoy en día consideramos las leyes laborales como uno de nuestros derechos más básicos e inalienables, sabemos que si salimos de nuestras casas y nos ocurre algo en nuestro trabajo, estamos hasta un punto protegidos y nuestras familias no quedaran a la deriva. Tener horarios laborales, días de vacaciones y algo tan básico como ser capaz de sentarse, son derechos que consideramos propios y necesarios. Mas no siempre fue así; se tuvo que pasar por un largo proceso para llegar donde estamos hoy, sucediendo un hecho tan horrendo como la Matanza de la Escuela de Santa María.
A fines del siglo IX y principios del siglo XX
ocurrió una de las más fuertes migraciones de trabajadores en la historia de
Chile; hombres, mujeres y familias enteras se dirigieron en masa al Norte Grande
esperando juntar dinero y mejorar sus condiciones de vida, prometiéndoles
viviendas salarios dignos, y una mejor vida tanto para ellos como para su
familia. Mas cuando llegaron y comenzaron a trabajar, cayeron en la cuenta de
que no existían ninguna clase de condición laboral. Sus trabajos eran paupérrimos;
los trabajadores eran explotados, no existían horarios de trabajo, ninguna
medida de seguridad ni seguros contra accidentes. Ni siquiera se les entrego un
salario, si no que se les pagaba en fichas que podían cambiar solo en la
pulpería de la salitrera asignada, generando un descontento general por el
abuso mediante los precios que se producía en esos lugares. A raíz de todas las
promesas incumplidas y las precarias condiciones laborales se comenzaron a
generar diversas manifestaciones en las distintas salitreras, con el fin de
generar alguna clase de legislación laboral. Todo esto se expresa en la
manifestación más representativa de toda nuestra historia: La Matanza de la
Escuela de Santa María.
| Fichas entregadas en las pulperias |
Hernán Rivera Letelier, reconocido escritor
chileno, en su libro “Santa María de las flores negras”, nos relata con un
vocabulario cercano y de manera detallada lo ocurrido en 1907. En este seguimos
al protagonista, Olegario Santana, un trabajador despreocupado que solo cumple
con lo que se le dice, se encuentra un día con unos compañeros de trabajo que
le dicen que se convocara la huelga más grande de todas. El decide asistir, y
durante el transcurso de esta toma real importancia de lo que estaba
ocurriendo. Es ahí cuando conoce a Gregoria Becerra, una matrona, madre de dos
hijos que había enviudado a raíz de las terribles condiciones laborales en las
cuales se encontraba su marido.
“Con acento dolido le cuenta de la trágica
muerte de su esposo, molido horriblemente entre los fierros del triturador de
caliche —«el chancho como le llaman»—, y de su drama tremendo cuando la
Compañía, como tenía por costumbre hacerlo, no le pagó una sola chaucha de
indemnización. Todo lo que hizo el Administrador fue ofrecerle un puesto de
trabajo a ella.” (Página 21)
Este es un claro ejemplo de la carencia de
leyes laborales básicas, donde ni siquiera se le entregaba una indemnización a
la esposa ni a los hijos de los trabajadores muertos.
| General Roberto Silva Renard |
Solo por pedir
un pasar decente, los superiores decidieron que ya les habían causado
suficientes molestias, y sin que los trabajadores supieran de su plan citaron a
estos para dialogar en la escuela Santa María en Iquique, donde les tendieron
una emboscada y al día siguiente el general Roberto Silva Renard, jefe de las
fuerzas militares, ordeno abalear a los trabajadores que estaban albergados
allí. Todos estos trabajadores se encontraron sorprendidos al verse apuntados
con las armas, y la gran mayoría murió sin saber el por qué.
La matanza de Santa María va contra todos
nuestros derechos humanos. Cuántos niños inocentes murieron, cuantas mujeres,
familias completas fueron destruidas, y el trauma que quedo para siempre con
los supervivientes. Como se puede vivir después de matar a tantos inocentes como
si fueran simples blancos de tiro. Ni aunque reconstruyan la escuela, ni aunque
indemnicen a las familias, ni aunque se invierta todo el dinero del mundo,
nunca se podrá revertir el dolor ni el horror que causo esta tragedia en
nuestra historia, de la cual aun se sienten los efectos hasta hoy en día. En los años posteriores la gente no se atrevía a salir a marchar ni protestar ni mucho menos pensaba irse a huelgas, ya que tan solo pensar que les podía ocurrir lo mismo les generaba temor. Esta masacre nos afecta directa o indirectamente a todos como chilenos, porque quedo en nuestra naturaleza que el marchar o el protestar termina con más de un episodio de violencia, y lamentablemente en Chile no se ve como algo recreativo sino como un acto de terrorismo.

Como consecuencia de lo ocurrido, sin
justificar el horror que se vivió, se tomaron en cuenta sus peticiones, y años
después se logro por fin las primeras leyes sociales en Chile, como la ley de
la silla, que obligaba a los empresarios de comercio a mantener asientos para
sus empleados, la ley del descanso dominical, la ley de salas cuna, que
establecía que toda fabrica con más de 50 empleadas mayores de 18 años, debía
tener una sala adecuada para atender a sus hijos pequeños, y por último la
anhelada ley sobre accidentes de trabajo, que ofrecía indemnizaciones en caso
de accidentes.
“Señoras y señores
venimos a contar
aquello que la historia
no quiere recordar “
«Cantata
Popular Santa María de Iquique»
http://www.educarchile.cl/ech/pro/app/detalle?ID=211149
Escrito por María Jesus Bernstein y Cameron Cox
Fuentes:
Rivera Letelier, Hernan “Santa María de las flores negras”
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